Es
común entre la gente que dice ser conocedora de lo que llamamos “rock chileno”,
citar a Los Prisioneros como la mejor banda de este amplio genero, incluso se
le ha nombrado como los fundadores y revolucionarios de un nuevo “Rock
Nacional”. Pero, ¿realmente es así?
Remontémonos
a los años 60s, cuando la llamada “Nueva ola chilena” reinaba en las radios
chilenas, pocos músicos intentaban despegarse de esta camada de jóvenes que
buscaban fama y dinero, descuidando si sus composiciones eran originales o
poseían algo de estética. En 1967 hubieron dos agrupaciones que podríamos
considerar como los verdaderos padres del rock chileno: Los Vidrios Quebrados,
con su disco Fictions, y Los Mac’s
con su Kaleidoscope Men. Los segundos
incluso se dieron el lujo de incluir una de las primeras canciones sociales del
Rock nacional: “La muerte de mi hermano” de Payo Grondona.
Aquí es
cuando se rebate una de las afirmaciones sobre Los Prisioneros, ser una banda
fundadora y revolucionaria. Escribir una letra sobre injusticia social en un género
tan amplio como el Rock, no es algo nuevo, se intentó antes.
Recuerdo
que cierta vez un periodista catalogó al líder de Los Prisioneros, Jorge González,
como el “Bob Dylan chileno”. Esto hace que entremos a una gran pregunta: Todos
sabemos que Dylan fue uno de los primeros rupturistas en combinar el Folk con
el sonido de las guitarras eléctricas, dándole una lección a los puristas,
quienes no entendieron que como lo dijo en una canción “Los tiempos están
cambiando”. Entonces, si ese es el caso, el primer rupturista fue Víctor Jara,
con la canción “El derecho de vivir en paz”. Sólo piénsenlo, un artista que
cantaba temas con raíces folclóricas integra un solo de guitarra, una base rítmica
de bajo eléctrico, batería y un riff de órgano, desconcertando a sus seguidores
pero logrando un nuevo sonido, mientras que Jorge González toma esto y lo
convierte en un hibrido entre el grupo punk The Clash y la banda de Synth Pop,
Depeche Mode
Ahora vamos
al punto más polémico. Los Prisioneros son citados en todos los medios como una
de las mejores y más importantes bandas de Rock y Jorge González como una
figura representativa de esta. Si de carácter estético hablamos, hay bandas
mucho mejores y que lograron romper la estructura del rock y rearmarla a su
antojo. Un claro ejemplo es el grupo Electrodomésticos, proyecto liderado por
Carlos Cabezas, que en vez de limitarse a imitar a sus coetáneos y criticando ciertos
aspectos de la sociedad evitando los clichés usados por Los Prisioneros,
decidió jugar con los samples y experimentar con sonidos más ambientales.
Injustamente subvalorado, su disco Viva
Chile salió el mismo año que el manifiesto “popular” de González, Pateando Piedras, y a diferencia del
segundo, Electrodomésticos propone una ruptura esquemática del cómo hacer
música.
Los
Prisioneros tuvieron su primer, único y fallido intento estético en la composición
de su último álbum de 1991, Corazones,
donde se muestra a una banda desquebrajada, sin el guitarrista original Claudio
Narea, trabajando canciones con un sonido más inclinado al Synth Pop y
renunciando totalmente al rock que los caracterizaba para luego González
decidiera disolver a la banda. Pero ese mismo año, tres bandas llegaron con una
propuesta de mayor radicalismo: La Ley y Lucybell por un lado apelaban a un
sonido basado en la New Wave y el Shoegaze, y por el otro lado estaban Los
Tres, con un rescate a las verdaderas raíces del Rock n’ Roll, combinándolas
con lo más pintoresco del Folclore nacional.
Es durante los 90s
cuando se refuta la tesis de que Los Prisioneros son la mejor banda del Rock
Chileno, ya que aún siendo la inspiración de muchos imitadores que se preocupan
del mensaje y no de la composición, las tres bandas mencionadas anteriormente
lograron establecer un nuevo parámetro estético con tres discos que supieron
absorber las influencias foráneas y transformarlas en su propio sonido. En el
caso de Los Tres, manteniendo su sello, pero recurriendo a letras mas metafóricas
y una amplia gama de estilos, entre ellos el jazz, y un sonido más “Beatle”,
lanzan en 1997 su álbum Fome.
Mientras tanto Lucybell explotaba todo su lado experimental en el infravalorado
álbum homónimo de 1998, un disco criticado por tener un sonido oscuro y
alejarse de los cánones que los medios chilenos exigían en su tiempo,
demostrando que si no suenas rentable o igual a Los Prisioneros no eres nadie.
Pero la banda liderada por Claudio Valenzuela pudo salir al paso y dejar un
álbum hecho como ninguno en Chile. Por último, La Ley establece su propia vara
alta al lanzar Invisible en 1995. Un
álbum que, tal como lo hizo el Achtung
Baby de U2, logró separar el rock común, que a futuro harían bandas como
Los Bunkers, Ases Falsos y el resto de camadas de artistas del llamado “Nuevo
Folclore Nacional” de propuestas de constante búsqueda de belleza en el sonido,
en este último es quizás Gepe el que más ha sabido lograr eso.
A
principio de los 2000s, Los Prisioneros dieron la falsa imagen de
reconciliación para volver con dos exitosos conciertos y una seguidilla de
álbumes mediocres, que tuvieron rotación gracias a que los medios siguen
prefiriendo esa propuesta segura, rentable y que asegure un buen augurio de
dinero (Algo demostrado con la “remasterización” del catalogo del grupo que
resultó en una estafa de proporciones), mientras que las otras bandas dejaron
de ser mencionadas, omitiendo sus propuestas revolucionarias. Chile es un país
que busca lo más simple, dejando de lado el verdadero sentido de la música, la
búsqueda de lograr una belleza plena y rica en texturas, para cambiarla por un
pensamiento del tipo: “Nos importa un carajo, suena social, debe ser bueno
aunque los sonidos tengan cacofonía”.
Escuchemos una de las mejores canciones made in Chile... Escuchemos "Dia cero"









